CARTA DE SAN TIAGO A LOS TELDESIOS: LA MODERNIZACION
El Todopoderoso señor de Los Alisios, con su gran lucidez e inteligencia creadora, subió por el Callejón del Castillo y llegando al pozo que separaba el laborioso barrio de Los Llanos de Jaraquemada del señorial San Juan, colocó dos cabezas, una pensativa y otra contemplativa, y dijo: ¡Esto es el Caos, hay que modernizarlo¡.
El primer día ordenó la evacuación de aguas sucias e hizo que toda la porquería e inmundicia circulara bajo los suelos con dirección a lo que días más tarde iba a ser la tierra prometida de unos incautos con bolsa y mala fortuna: Urbanización Hoya Pozuelo.
El segundo día, con esa su compasiva mirada de las teldesias cargando tallas de barro desde las acequias de la Heredad del Valle, dijo: ¡ agua para todos!. Miró amenazante a los propietarios de pozos y les anticipó por medio de su enviado Cabrera la visión de un infierno expropiatorio. Seguidamente repartió conducciones desde los generosos afluentes del subsuelo hasta todos los hogares. Más tarde, tras la generosa entrega de esos días de creación, fundaría con los jeques de Cataluña la Empresa Mixta Aguas de Teldesia, y el tiempo volvería a su hora primigenia y por alquímica infusión la factura del agua, la mierda y la basura, todo en una sola y detallada factura.
El tercer día, reunió a hombres y mujeres de buena voluntad y les dijo: No es bueno que los Teldesios estén solos; entonces, por obra y gracia del enviado González hizo Los Locales Sociales. Allí los juntó, los organizó, dio provisiones para banquetes y explosivas maravillas en todos los rincones y, ¡qué inteligencia! ¡Vive dios! canalizó demandas, peticiones y manifiestos de adhesión inquebrantable a su voluntad, cediendo un trocito de poder a hombres y mujeres laboriosas, que apretaban el puño y luchaban… por las fiestas de su barrio.
El cuarto día ordenó el Territorio, magna labor donde las haya. Llamó a Jesús y le ordenó escribir sus mandamientos sobre dos lajas, así hizo el Plan General, lúcida y gran intervención modernizadora mediante la que repartió los frutos del crecimiento en unos pocos elegidos, doblegó a los resistentes, e impuso con firmeza el poder absoluto de su firma -incluso en los tiempos en que ausente vagaba por el desierto entre culebras y escorpiones-_. Esas lajas de la ley, ¡ OH que gran obra!: Un modelo de ciudad dividida, fraccionada, con fronteras desde dentro que impidiesen un, sin duda patológico, crecimiento desde el centro. Permitió con ello que los sufridos labradores abandonaran las fértiles tierras de la otrora vega teldesia, conduciéndoles en ordenada romería petitoria hasta los salones del templo de San Juan: El Negociado de Urbanismo, donde su enviado Jesús recibía, altruistamente y en mangas de camisa todos los miércoles, a los esperanzados buscadores de fortuna, doblegando a los escribas funcionarios, guardianes de la ortodoxia, que, perplejos, se agolpaban en los pasillos de la planta superior, esperando de Cabrera instrucciones y documentos a firmar para ellos con todas las infracciones cargar.
El quinto día, girando un poco su cabeza y percibiéndose glorioso triunfador, con ese su recorrido desde la humilde y pobre tierra en la que echaba tomateros, recordó y en acción de gracias dijo: ¡solidaridad!, y se preguntó - ¿para todos?-; respondiose entonces, -no coño, eso es de tontos, para unos poquitos y además que sean de lejos, que me hagan lucir entre la progresía de escribas, clérigos rojos, poetas y académicos, y me permitan alguna mañana despertar en el Caribe ardiente o en una jaima sahariana. Los demás, los de aquí, que pasen a hablar a la antigua Casa de Socorro de San Juan que, si no saben, incluso a hacer un potaje le enseñarán. Luego, si quieren fruta y verdura, y para quien es bueno y obediente, Josefina lo colocará en un convenio de seis meses en Juan Diego de la Fuente.
Al sexto día se le agolparon las misiones, las visiones y sus aspiraciones. Frenéticamente entonces colocó grandes jarrones a la entrada, bajando a su morada unas tazas que le recordasen la leche y el gofio que comió, un gran drago de acero corten que sombra diese, campos e instalaciones dispersos por doquier, un centro de la mujer, un club de la tercera edad donde buenos bailes organizar y, como no, ¡que modernidad! un gran parque comercial.
Al séptimo día, exhausto, descansó unos minutos. Luego llamó a los suyos, pidió unas tortillas y, partiendo de su inacabado Palacio, una gira por la isla Tamararia comenzó. Entre cánticos y adulaciones todos a él le miraban y cuando, pueblo a pueblo, comprobó como su gran obra toda la ínsula empequeñeció, poco a poco, su cara enrojeció y su mirada dura y fría se tornó. Bajando ya del Valle Sequillo su carruaje “mando a parar” y a la finca del Viso a todos dirigió; allí tomo aire y a todos y todas, bajo la gran palmera reunió. Mirando fijamente uno a uno en persuasiva pose les dijo: "Desde aquí, en este gran observatorio que la madre tierra y patria Teldesia nos ofrece pueden divisar lo que he creado, mirando en derredor verán como esta gran obra la isla entera nos ha copiado y , vaya, también y sin mi mano, se ha modernizado. Por eso les digo que repitan conmigo y lleven el mensaje a todos los rincones de la ciudad y que se entere toda la gente: TELDESIA ES UN REFERENTE,
¡ Sí sí! repitieron todos al unísono. ¡Teldesia es un referente!
Entonces levantó sus manos y profetizó:
“….entre al año 3 y el año 7 una gran turba del templo nos expulsará, ¡grandes plagas y males sobre Teldesia caerán¡, pero, no os preocupéis, volveré y, cuando todo nuevamente este ordenado, en el año 8, comenzaré la que será la segunda modernidad de nuestra gran y muy ilustre ciudad.”